Cellers Tarroné fue fundada por Rafael Solé Pubill en 1942. Éste, junto con su familia, residía en el campo y se dedicaba a la agricultura. De entre todos sus cultivos, los viñedos eran su pasión. Por este motivo, decidió crear su propia bodega en la que elaboraba vinos que procedían al 100% de sus propios viñedos. Esto daba a los vinos un carácter único y distinguido que embelesaba a muchos de la época.
Su pasión y su inquietud fueron heredadas por su hijo, José Solé Albesa, quien con su experiencia y su afán por perfeccionar el trabajo de su padre, ya predijo que el futuro estaba en los vinos embotellados. Así que 40 años después, la bodega vio nacer sus primeros vinos embotellados.
Poco a poco, Cellers Tarroné fue abriendo mercado y consiguió que más del 35% de su producción pasara a ser embotellada a petición de sus clientes.
En 1990, fallecía el único fundador de la bodega y tres años después lo hacía también su hijo, lo que obligó a Mercedes Llop Galcerà, la mujer de José, a coger las riendas del negocio familiar junto con el Sr. Antonio Melich Domènech, responsable de la bodega desde 1980.
Este duro golpe propicio que el trabajo y el esfuerzo de los fundadores se remarcara más aun en los vinos. Por esto es que la bodega, que hasta la fecha solo había embotellado vinos jóvenes, empezó a embotellar vinos de crianza. En la actualidad, estos vinos gozan de un magnifico renombre a nivel nacional e internacional.
Torremadrina fue el primer vino de crianza en ser embotellado. Este vino desprende un carácter y una historia únicos ya que tanto su nombre como los viñedos de los que procede rinden honor al lugar en el cual nació esta bodega. Hoy en día, la familia continuamos trabajando para ofrecerles unos vinos de excelente calidad y carácter único.